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Entendiendo los vinos gallegos

Como también sucede en muchas zonas vitivinícolas de España, en Galicia, en los últimos años hemos sido testigos de una auténtica revolución en todo aquello que a la enología se refiere. Y no estamos hablando solamente de la cantidad de pequeños bodegueros que han surgido sino de la calidad y fama que sus elaborados están alcanzando, reconocimiento que va más allá de nuestras fronteras. Sobre este tema quisiera hacer unas reflexiones que nos ayuden a entender nuestros vinos, conocer un poco más las particularidades que nos diferencian de los elaborados de otras regiones. Que hace posible que los vinos gallegos muestren una tipología definida y un carácter tan personal.

Podríamos comenzar hablando de las características del suelo que sustenta nuestras vides, de ph marcadamente ácido en contraposición con gran parte del resto de la península que presentan un ph un poco más alto, tirando a básico. Esta peculiaridad quizá aporte una de las singularidades que distinguen los caldos de nuestras zonas añadiendo ese toque afrutado tan propio.

Cabe apuntar la dispersión de la propiedad de la tierra, el minifundismo característico del rural gallego que condiciona la existencia de una importante cantidad de referencias de pequeña producción, hablamos de casos de apenas unos cientos de litros, elaborados partiendo de la uva de una única parcela. Son los conocidos en muchos lugares como vinos de finca o de pago.

Por otro lado es importante señalar los cambios sociales y económicos que determinan los últimos tiempos vividos, que propició una vuelta al campo de generaciones que se habían asentado en las ciudades. No son pocos los que se deciden a recuperar y obtener beneficio económico de las propiedades familiares que permanecían casi abandonadas. A ello debemos unir la cultura de un mercado que demanda vinos de calidad, de variedades concretas y cuidados procesos de elaboración. Ya no vale el socorrido vino de mesa.

Consecuencia de lo anterior una tierra que era fundamentalmente productora de uva pasa a ser también elaboradora, ya no se envía la cosecha a grandes bodegas para elaborar vinos de gran tirada. Es el propio agricultor el que se ve obligado a convertirse en bodeguero apoyado en ocasiones por segundas generaciones que viene pisando fuerte con amplia formación, sus hijos poseen titulación académica relacionada con el mundo del vino que repercute directamente en la calidad del producto final. Esto supone el espaldarazo definitivo hacia la profesionalización del sector.

Podríamos seguir hablando largo y tendido sobre este tema: variedades de uva, métodos de elaboración…Abordaremos todas estas cuestiones en futuros artículos que iré publicando en breve.

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